viernes, 3 de abril de 2009
Alegre, feliz, vivaracha se contoneaba de un lado a otro, con movimientos suaves y voluptuosos, tan llamativa y con ese toque de folklor, pero ¿como pasar desapercibida? y quién no notaba su encanto, su perfume y ese porte tan singular. Más de alguno había gozado con su compañía, ¿como no? su ella invitaba a todo aquel que pasaba y sin pudor alguno rozaba sus mejillas, convirtiéndose en fiel confidente, a veces secretos, y otras amores, lo cierto es que ella deleitaba a todo aquel que se acercase. Siempre ahí, dispuesta y sencilla, y yo tan celoso de no poder estar ahí, porque alguien anticipó sus pasos y entonces esperaba con paciencia, abordarte sin testigos, y al final sola otra vez, pero sin perder ese aire tan peculiar que me encantaba.
¡Hay Jacaranda quien tuviera tu nombre!

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