viernes, 3 de abril de 2009
Minutos antes, el reclamaba su parte de quel plan tan sigiloso y que habia resultado perfecto. Aquella bella mujer era esposa de uno de los cirujanos más prominentes y ricos de por aquella región, con enorme carisma sin duda el marido ideal.
Esa tarde él la habia citado para pedirle una suma considerable a cambio de no revelar que los primeros encuentros con su actual esposo no habían sido casualidad sino premeditados y el amor que desbordaba no era más que simplemente al glamour y la vida social desenfadada, él tenía pruebas, papeles y fotos de que aquel prominente médico fue estudiado hasta en el menor de los detalles.
Para ella ésta era la tercera ocasión que ella le otorgaba una remuneración a cambio de discresión. Sólo que esta vez no llevaba lo acordado y le dijo que no tenía ya nada, que todas sus joyas estaban empeñadas, y que no le podía pedir más a su marido, así que él se cobró a conveniencia, el pago fue conveniado. Cambió la moneda, convirtiéndose él en su rehén, y a partir de ese y todos los días la mujer del vestido amarillo entró al hotel sin mirar a nadie.
Esa tarde él la habia citado para pedirle una suma considerable a cambio de no revelar que los primeros encuentros con su actual esposo no habían sido casualidad sino premeditados y el amor que desbordaba no era más que simplemente al glamour y la vida social desenfadada, él tenía pruebas, papeles y fotos de que aquel prominente médico fue estudiado hasta en el menor de los detalles.
Para ella ésta era la tercera ocasión que ella le otorgaba una remuneración a cambio de discresión. Sólo que esta vez no llevaba lo acordado y le dijo que no tenía ya nada, que todas sus joyas estaban empeñadas, y que no le podía pedir más a su marido, así que él se cobró a conveniencia, el pago fue conveniado. Cambió la moneda, convirtiéndose él en su rehén, y a partir de ese y todos los días la mujer del vestido amarillo entró al hotel sin mirar a nadie.
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