viernes, 3 de abril de 2009
Corrían de un lado a otro, ¿como es posible que no lo hubieran previsto?, alguien más exclamaba, ¡se nos va! pero en el afán de no perder la batalla, hacían hasta lo imposible, cruzaban miradas desesperantes y angustiadas. ¡Por fin! llegó aquel transporte de salvación.
Aquellos uniformes blancos contrastaban con el semblante opaco de los que sus esfuerzos parecían vanos, ¡lo perderemos! era el exclamo ante lo inevitable.
El tiempo parecía eterno, los segundos horas y las horas simplemente no avanzaban. Por fin llegamos, yo sólo miraba, alguien más me bajo en brazos corriendo por aquel pasillo largo y estrecho, al final alguien nos detuvo levantando su mano, justo a tiempo, pronuncio. Y en ese momento bajé por sus piernas, me pateó y así comenzó el juego.
Aquellos uniformes blancos contrastaban con el semblante opaco de los que sus esfuerzos parecían vanos, ¡lo perderemos! era el exclamo ante lo inevitable.
El tiempo parecía eterno, los segundos horas y las horas simplemente no avanzaban. Por fin llegamos, yo sólo miraba, alguien más me bajo en brazos corriendo por aquel pasillo largo y estrecho, al final alguien nos detuvo levantando su mano, justo a tiempo, pronuncio. Y en ese momento bajé por sus piernas, me pateó y así comenzó el juego.
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