viernes, 12 de junio de 2009
La abeja reina buscaba efusiva al abejorro de sus sueños, ofrecía recompensa y cuantos bienes poseía , más cuando el sueño se volvió realidad, no cesaba de quejarse. ¡Había encontrado un zángano!
Aquel día partió lleno de ilusión, nunca imaginó volver, caminó por los más extraños lugares y recorrió arriesgados senderos, más sin embargo un día, el caracolito muy triste añoraba su casa, sin recordar siquiera que a cuestas siempre la llevaba.
Frotaba sus manos, acechaba su triunfo, sigiloso rondaba y por fin su víctima al alcance y en el momento crucial su trágico descuido de una palmada lo mató.
Cosita linda le dijeron un día, cosita hermosa al siguiente, cosita rica fue el acabose cuando estuvo tierna y crujiente.
Cada día era uno igual al otro, arrastraba sus paso, la sensación de cansancio pesaba, más cuando no había motivos para hacerlos diferentes, ese día viendo el horizonte decidió soñar y entonces abrió sus alas en colores y comenzó a volar.
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